Muere Mingote, un humorista sin tiempo

Muere Mingote, un humorista sin tiempo

Catalán de nacimiento y madrileño de adopción, falleció ayer a los 93 años tras más de seis décadas de presencia diaria con sus inteligentes viñetas en la prensa española. Antonio Mingote era humorista, dibujante, editorialista a través de sus viñetas, ilustrador de la cotidianidad, académico de la Lengua, creador de un universo lleno de curvas, crítico elegante y trabajador incansable. Mingote se murió ayer, tenía 93 años y se había pasado los últimos 60 con presencia diaria en el periódico ABC. Mingote era catalán, de Sitges, conservador de ideología y un tanto surrealista en sus formas de humor, con antecedentes en Gómez de la Serna o Jardiel Poncela, pero sin seguidores claros. El gran mérito de Antonio Mingote era haberse convertido en un humorista sin tiempo. Humor sin sangre pero a la vez humor valiente. Había estudiado Filosofía y Letras pero lo suyo era el periodismo en forma de sonrisa. Publicó su primera ilustración en un suplemento infantil de la revista “Blanco y Negro”, cuando tan sólo tenía 13 años. Comenzó su labor profesional en la mítica “La Codorniz” en el año 1946, cuando hacer humor en España, país de postguerra, era jugar con fuego. Incluso el humor bonachón de un Mingote que dibujó de todo, desde óleos “serios” a chistes disparatados. Y de sus manos salieron burguesonas de pecho enorme, aristócratas insensibles, zascandiles y porteras, políticos con banda, felices parejas de novios, oficinistas oscuros de bigotín y traje gris o jovencitas exhuberantes en la playa. Mingote hizo Historia de España y sus miles de viñetas se convirtieron con el tiempo en la crónica diaria de su país. No es de extrañar que sus dibujos “sean esenciales para entender el devenir reciente de España”. Lo decía ayer Forges, el “Mingote” de la generación posterior. Vidas paralelas, en cierto modo, y otro genio del humor ajeno a las modas e invulnerable a los estilos. Les unía la pasión por el dibujo, y de esa pasión hablaba Mingote no hace mucho, en clave de recuerdo: “Comencé a hacerlo en los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Dibujaba mis láminas y las de mis amigos. Y luego el hermano Blas, me parece que se llamaba, y el hermano Manuel, ponían los dibujos en orden de preferencia, y algunas veces yo estaba el primero, pero no siempre; otras veces estaba detrás y el que estaba primero era un dibujo que le había hecho yo a otro amigo. O no, vamos. Yo dibujaba muy mal, como todos los niños. Los niños dibujan muy bien hasta que aprenden. Cuando aprenden ¡ya se fastidió el asunto!. Y siempre, siempre dibujar, en toda mi vida. No recuerdo otra cosa. Es lo único que he hecho toda mi vida. Dibujar, dibujar, dibujar”. En 2003 se le tributó un homenaje nacional y el rey le nombró Marqués de Daroca. Era alcalde honorario de Madrid, “un genio de la literatura, la pintura y el ingenio”, tal y como fue calificado ayer por la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre. El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, afirmó que “Mingote era la persona más querida de toda la comunidad académica”. “Era un hombre cuya bondad serena, espontánea, nada amanerada ni artificial traslucía en todos sus gestos. Se hacía querer incluso por aquellos que podían discrepar ideológicamente de él”, sañadió. En la Real Academia Mingote tenía sillón desde 1987 “porque era un gran escritor” faceta que queda injustamente olvidada por su inmensa envergadura como dibujante. Hombre sereno, espontáneo, con sentido común… Su libro “Hombre solo” es “absolutamente excepcional”, decía ayer el periodista Luis María Ansón. La faceta como comentarista de radio de Antonio Mingote fue alabada también por el periodista Luis del Olmo, quien destacó “las páginas inolvidables que escribió” también para dicho medio y aseguró que se ha perdido “a un fuera de serie, cuya crónica diaria hacía más digestibles las malas noticias”. Del Olmo recordó que contó con la colaboración de Mingote en su programa “Protagonistas”, que muchos miércoles se abría con un debate sobre la nación que contaba con voces como la del dibujante, junto a otros comentaristas “cuyo ingenio ha quedado ya para la historia de la radio”. Su capilla ardiente fue instalada por la tarde en los jardines del Retiro, rodeado de árboles que él dibujó toda su vida con cariño. Además, era “alcalde honorario” de este parque. La capilla estará hoy de nuevo abierta de 10.00 a 19.00 horas. El dibujante será incinerado después en la más estricta intimidad familiar.

D.E.P. a un grande.

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